PISA

La Coruña, a 10 de diciembre de 2010. Viernes.

    Hace tres semanas, en la entrada de Contra viento y marea titulada De libertades, mencionaba en mi disertación el lamentable nivel de la Educación en España, la falta de cultura que aquejamos las nuevas generaciones y la ausencia de capacidad para entender, pensar y razonar por uno mismo.

Pues resulta que hace sólo unos días vino a publicarse el llamado Informe PISA, que corrobora y confirma buena parte de mis anteriores afirmaciones en lo referido a nuestro nivel cultural y educativo. A pesar de no descubrirme nada nuevo, el informe me causa tristeza e indignación. Y miedo. El resultado es desolador.

Nota para los de la LOGSE, LOCE, LOE y demás desafortunados: El Informe PISA no tiene nada que ver con la insigne ciudad italiana ni con su torre inclinada, son las siglas que corresponden a Programme for International Student Assessment, un programa mundial llevado a cabo periódicamente por la OCDE con objeto de medir, comparar y clasificar el rendimiento de los estudiantes de 67 países. Para ello se examina a los alumnos en tres áreas: competencia de lectura, matemáticas y ciencias naturales.

La muestra española para el informe PISA está formada por 910 centros y en las pruebas han participado 27.000 alumnos de 15 años.

El Informe PISA 2009  fue presentado el pasado martes por el secretario de estado de educación, don Mario Bedera, con más bien poca vergüenza y sin ningún complejo.  En la lista presentada en el informe, nuestro país se sitúa en comprensión lectora por debajo de países como Grecia, Italia, y Portugal, que tampoco tienen resultados brillantes; y muy por debajo de los primeros de la lista. Y lo que resulta aún más preocupante e inquietante: El 20% de los alumnos españoles, o sea, uno de cada cinco, no entiende absolutamente nada de lo que lee, lo que garantiza que no obtendrán éxito alguno en sus estudios. Y probablemente tampoco en su vida, a menos que se metan a políticos o sindicalistas. Acabarán sus estudios, claro, porque aquí no se puede repetir más de un curso y se aprueba a todo el mundo, lo que crea una inflación de titulados y una devaluación de los títulos. Luego se incorporarán al mercado laboral, y España seguirá yendo de mal en peor.

En el nivel 2, con un nivel considerado mínimo para lograr un aprendizaje básico, se halla un 27 por ciento del alumnado español sometido a las pruebas.

En definitiva, casi la mitad de los alumnos españoles están al límite de la inutilidad; unos por encima, y otros ni lo alcanzan.

En cuanto a las matemáticas, España sigue también por debajo de la media. En competencias científicas, no hay mejora.

El resultado reflejado en este informe es la lamentable, y es lógica consecuencia de unos planes educativos muy desacertados, quiero pensar que debidos a la estupidez de los gobernantes y de los que los mantenemos en el cargo, y no debido a las malévolas intenciones de los mismos de crear un pueblo borrego al que manejar con impunidad. Aunque en realidad no sé qué es peor.

Dichos planes fueron forjando generaciones de profesores que ahora se incorporan al ejercicio y que no saben ni siquiera escribir con propiedad. Profesores semi-ignorantes que no están preparados para enseñar porque ni tienen conocimientos, ni saben transmitirlos. Porque a ellos, a su vez, nadie les enseñó. Pero son ellos los que van tomando el relevo en las aulas, llegando al límite del declive en la docencia y graduando promociones de verdaderos asnoalfabetos.

Y que me perdonen los buenos profesores, que los hay, y no son pocos; profesores ilustrados, cultos, dedicados, sabios, auténticos maestros; siempre hay justos en Sodoma pero, como tantas otras veces, pagan justos por pecadores.

Dice la estadística que nuestros universitarios, en sus exámenes, cometen una media de doce faltas de ortografía por carilla. Quizás porque se pasan media vida enganchados a Tuenti y Facebook, y a los infames SMS´s y el WhatsApp de los diablos, escribiendo con kas y obviando las haches y los signos ortográficos:  “ola k tal wapo”. Pero sería injusto culpar a las nuevas costumbres y tecnologías -que traen mucho bueno y útil- cuando el verdadero responsable es el sistema educativo.

Son estos los mismos universitarios capaces de sorprenderme en anécdotas como la siguiente, que me fue referida por un profesor (doctor) de la Universidad de La Coruña, reputado ingeniero industrial. Sucedió recientemente en un examen en el que se evaluaba a alumnos de 5º de ingeniería industrial. En cierto punto del examen, los estudiantes debían elegir la sección de varias tuberías con las que se construiría una instalación. Dichas tuberías tenían que cumplir unas limitaciones marcadas por el caudal que llevarían y otras exigidas por las normativas de seguridad vigentes. Por ejemplo, por el caudal de agua que fluirá deben de tener no menos de 40mm de diámetro. Sin embargo la normativa X exige que las tuberías en ese tipo de instalaciones no tengan un diámetro inferior a 60mm. Pues bien, uno tras otro los alumnos iban levantándose para preguntar al profesor cómo podía ser aquello, que debía de estar mal. Al tercero no le quedó más remedio que levantarse, detener el examen y explicar a todos el problema en voz alta. Enseñarles a pensar, a deducir que aunque por caudal sólo se necesiten 40mm, no queda más remedio que ponerlas de 60mm para cumplir también con la normativa, y no pasa nada.  Puede hacerse. Ahí queda eso, muchachos que en cuestión de meses serán, si Dios no lo remedia, ingenieros industriales titulados que andarán levantado industrias por España adelante. “Y no es sólo ésa, Gonzalo, son una tras otra…” me confiaba, consternado, el viejo doctor.

Eso me recuerda a otro problema idéntico que experimenté yo a principios de este curso, en el que sólo otro alumno y yo de entre 16 éramos capaces de comprender la situación cuando nos enfrentábamos a diversas limitaciones de calado a lo largo de la derrota del buque, aunque también en esa ocasión el profesor era un verdadero maestro. O hace sólo dos días, cuando nadie podía entender el significado de “fracción” en la frase “se añaden dos por cada mil o fracción” y eran absolutamente incapaces de comprender cómo efectuar el recuento total. A los 6 ó 7 minutos me entraban ganas de levantarme y zarandear ya no a los compañeros, sino al “profesor” que era incapaz de hacer entender a los alumnos, y sólo repetía una y otra vez la misma frase, sin recurso alguno para iluminar a los despistados, con sonrisa tonta de impotencia.

Teniendo en manos de un alarmante número de profesores ignorantes, sin preparación, ni conocimientos adecuados, ni capacidad para transmitir lo poco que hayan aprovechado, teniendo en sus manos, decía, la enseñanza de las nuevas generaciones… ¿qué futuro le espera al país?

Pero si hasta los ministros se expresan con faltas ortográficas, sintácticas y léxicas. Y los telediarios.  Y la prensa. A menudo me hacen dudar de algunos de los preceptos más básicos, pensando si no seré yo el borriquito equivocado, y obligándome a acudir a mis volúmenes de la RAE –Diccionario, Ortografía, Gramática, …- para hacer la comprobación de turno.

Y de todo esto me doy cuenta yo, que soy un tipo poco cultivado, que nunca fui un estudiante brillante, que dejé los estudios en BUP (factoría de Burros Unificados Polivalentes semidignificada por los planes posteriores), con tan poca inteligencia como para hacerme a la Mar a pesar de haber tenido cuantas posibilidades hubiera podido desear para estudiar lo que quisiera en la vida. Y así me veo ahora, retomando los estudios ahora gracias a la lucidez que dan los años y las lecturas.

Concluyo, una vez más, con mi particular Carthago delenda est: La Educación es la clave para todos los males y problemas, y para afrontar el futuro.

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