Nací en El Ferrol, en las Rías Altas gallegas, en los años setenta. Provengo de una familia de tradición marinera y desde siempre supe lo que quería ser. Así como otros niños anhelan ser futbolistas, astronautas o detectives, yo siempre tuve claro que quería ser y sería marino, exceptuando alguna breve etapa en la que fantaseaba con ser reportero -acaso por influencia de las historietas de Tintín-.

     Probablemente el entorno habrá sido determinante en mi vocación marinera. Mi abuelo, mi tío, los cuadros de casa, antiguos catalejos y sables colgados en las paredes, ciertas fotografías de mis ascendientes en sus barcos, viejos libros apilados en el desván, lecturas de infancia; historias de marinos viejos que fascinan a niños soñadores. Yo quise ser como ellos y vivir vidas como las suyas. Y lo hice. Un día lié el petate, enrolé y me fui. 

     Llevo una vida dedicada a la Mar. Comencé a navegar a vela a los ocho años y desde mediados de los noventa navego profesionalmente. Firmé mi primer rol como simple marinero de cubierta y fui ascendiendo hasta contramaestre. Posteriormente finalicé mis estudios de Náutica y accedí a la cámara de oficiales.

     A los dieciocho, en cuanto pude elegir, me hice a la Mar con los hombres. Ingresé en el cuerpo de especialistas de la Armada, que resultó ser una excelente e inmejorable escuela. Pasé cinco años embarcado en fragatas, desvelando los misterios y entresijos del oficio. Tras un lustro al servicio de la Armada colgué la galleta y me pasé a la marina civil.  Navegué entonces en pesqueros de litoral y altura, barcos mercantes de diversos tipos, remolcadores y buques offshore.  

     Me asenté nuevamente en Londres y navegué como piloto de un Emergency Response and Rescue Vessel -un buque de salvamento y respuesta a emergencias- en el sector norte del Mar del Norte, conocido por ser uno de los ambientes más inhóspitos y hostiles del planeta. Pero en otoño del 2015 acepté la propuesta de integrarme en la tripulación de un buque de salvamento que opera frente a las costas libias, en el marco de las Search And Rescue Operations in the Mediterranean.

     De todos ellos, probablemente los años más gratificantes fueron los que viví en mi balandro, que fue mi hogar. En él descubrí esa auténtica libertad que en su día describió Conrad. 

     Este sitio web surge del entrelazado de mi vida marinera con una de mis pasiones: Los libros y la literatura. Nací en el seno de una familia lectora, en un hogar con biblioteca (que estaba en un maravilloso y enorme desván); crecí rodeado de libros, fui descubriendo su importancia y cobrando consciencia de su valor y utilidad. Soy lector voraz desde mi temprana niñez, y en mi hogar hace muchos años que no hay televisión; a cambio tengo mi modesta biblioteca. Como consecuencia natural de todo lector ávido acabé escribiendo y desde unos años mantengo un blog en Internet: Contra viento y marea.

     A lo largo de mi vida los libros han sido para mí compañeros, sosiego, consuelo, guía, consejeros y compañía. Les debo mucho; no sé qué habría sido de mí sin ellos, porque a veces he llevado mal rumbo.

 

2 comentarios en “El patrón

  1. Francamente como marino y lector me he emocionado con el comentario sobre el libro
    Las horas de Mangbetú.Lo leo y releo y así vivo de nuevo lo vivido en mi juventud.
    También fui especialista de la Armada y estoy encantado de haber encontrado esta página.

    Te deseo lo mejor compañero.

    Fernando

    Le gusta a 1 persona

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