La Antigua Casa Calabuig

Por lo demás, todo sigue prácticamente igual. Los estantes en la barra, con sus botellas reflejadas en los espejos tras ellas. Anís del Mono, Veterano, Larios, y todo un elenco de etiquetas de bebidas clásicas. Los viejos techos,  enmarcados por las cenefas de yeso, con el ventilador de aspas que se mantiene en su lugar a pesar de que el local está ya climatizado. El viejo reloj -Casa Calabuig, rezan letras doradas sobre la esfera negra- rodeado de vides, entre los grandes aparadores que llegan al techo, con sus estantes llenos de botellas añejas tras las cristaleras.

El paquete misterioso

Acerqué la silla y me senté en ella, observando el paquete misterioso con curiosidad. Y ahí está, ante mí, con su aura de misterio, envuelto en papel de estraza, como antiguamente. Mis señas, escritas a mano con bolígrafo.

Largando amarras de Valencia

Chimena del Cabo Cee y contraseña de la naviera armadora

Recorrí con la mirada la larga hilera de norays solitarios del vacío muelle, que tantos barcos vieron llegar y zarpar. A veces me recuerdan a ancianos marinos sentados en los muelles viendo ir y venir los barcos, los tiempos y la vida, y recordando tiempos pasados.

El eterno debate taurino

El Juli frente a su segundo toro de la tarde en la Plaza de Toros de Valencia.

Valencia, a 24 de julio de 2011. Domingo. El viernes pasado asistí a mi primera corrida de toros. Hacía mucho tiempo que quería ver una y el entusiasmo me acompañó desde el momento en el que decidí acudir a ésta. Se trataba de la penúltima corrida de la Feria de Valencia de este año, que decían los entendidos que presentaba el mejor cartel de la temporada: seis bravos toros, seis, para los matadores Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares.