La patria de un nómada

A bordo, en el Estuario del Támesis. Octubre del 2017. - ¡Firme a proa!- la voz rasgada de Tom llegó al puente a través de la radio. - Thank you Mr. Owen- le respondí, antes de retransmitir la novedad a través del aparato de VHF al inmenso buque portacontenedores que estábamos a punto de sacar de puerto: -Firme remolque a popa, práctico-. Las últimas amarras del inmenso buque portacontenedores caían en ese momento a las turbias aguas del Estuario del Támesis antes de ser rápidamente viradas a bordo por los diminutos tripulantes filipinos, y ...

Monas vestidas de seda

A mí, al igual que a Obélix, el viajar me abre el apetito. A pesar de haber desayunado con fruición antes de largar amarras no tardé en parar para comerme el pan y el queso que llevaba conmigo -eché una vez más de menos mi vieja bota de vino-.

Aquel hermoso velero con nombre de mujer

Llegó la mañana y nos hicimos a la Mar impulsados por un Lebeche matinal suave, comenzando la singladura con buen cariz.

Será esta noche.     Mi tripulación ya ha llegado de Galicia y en estos momentos se dirigen al pequeño puerto en el que está amarrado el barco para hacerse con él.

La Antigua Casa Calabuig

Por lo demás, todo sigue prácticamente igual. Los estantes en la barra, con sus botellas reflejadas en los espejos tras ellas. Anís del Mono, Veterano, Larios, y todo un elenco de etiquetas de bebidas clásicas. Los viejos techos,  enmarcados por las cenefas de yeso, con el ventilador de aspas que se mantiene en su lugar a pesar de que el local está ya climatizado. El viejo reloj -Casa Calabuig, rezan letras doradas sobre la esfera negra- rodeado de vides, entre los grandes aparadores que llegan al techo, con sus estantes llenos de botellas añejas tras las cristaleras.

La caída

    El temporal nos zarandeaba como a un sonajero; las olas del noroeste entraban por estribor, barrían la cubierta entera y salían por la banda opuesta; habría podido grabar un bonito vídeo, si tan sólo hubiera tenido presencia de ánimo para hacerlo.

El paquete misterioso

Acerqué la silla y me senté en ella, observando el paquete misterioso con curiosidad. Y ahí está, ante mí, con su aura de misterio, envuelto en papel de estraza, como antiguamente. Mis señas, escritas a mano con bolígrafo.