La taberna de Cardiff

Cuando salté a tierra a media tarde llovía pertinazmente, como lo había hecho incesantemente a lo largo de todo el día; un día gris y obscuro que se ensombrecía más a medida que caía la noche. Caminé por los muelles desiertos sorteando los charcos, a lo largo de una larga hilera de tinglados, almacenes de ladrillo pequeño y rojizo enmohecidos por la lluvia, con tejados en pico cubiertos de verdín.

Un reencuentro en Ceuta y el asombroso Dynamogracht

En el preciso instante en el que tecleaba el punto y final (cómo adoro los puntos finales -a pesar de que luego raras veces lo son-) el barco escoró pronunciadamente, casi tanto como para alarmarse uno, y con la subsiguiente escora a la banda contraria -no menos pronunciada- un libro se deslizó del anaquel en el que estaba estibado y me cayó en la cabeza. La República de Platón, nada más y nada menos.

Último paseo por Setúbal

(...)     Se sentó a mi lado sin mediar más palabras y, tras compartir unos minutos de cómodo silencio, me contó parte de su historia, desde los fríos caladeros de Terranova hasta las exóticas colonias portuguesas del África, las Américas o el lejano Oriente: Macao, Damán, Goa, Mozambique, Santo Tomé, Guinea, Cabo Verde, Timor...