Patrones de agua dulce y erizos cruzando autopistas

El Cabo Cee próximo a doblar la Estaca de Bares y Cabo Ortegal con inusual buen tiempo.

A bordo del Cabo Cee, en la Mar; en los 41º 03’N 010º 05’W. A 24 de febrero del 2012. Viernes. Era una mañana gris aunque tranquila. El cielo estaba cubierto de estratocúmulos grisáceos que ocasionalmente descargaban algo de llovizna, habiendo no obstante buena visibilidad. Poco después, aproximadamente frente a Punta Roncadoira, capté una conversación en el canal 16 de VHF.

El cocinero del Cabo Cee

Amanece sobre Setúbal, fondeados en el estuario del río Sado.

    A lo largo de estos últimos días hemos tenido algunos cambios reseñables a bordo. Nos hemos desecho de un par de trastos inútiles: la lavadora rota y el cocinero. A bordo del Cabo Cee, fondeados en el estuario del Sado. A 11 de enero del 2012. Miércoles...     Estamos de nuevo anclados en la rada de Setúbal, en el estuario del Sado, frente a la ciudad. Anoche, durante mi guardia, fondeó a tres cables de nosotros el Sylvia, de la Flinter, un pequeño granelero de menos de cien metros de eslora, pabellón holandés. Lo vi entrar por la barra y aproximarse, luego moderó máquina y fondeó, borneando suavemente sobre el ancla de in modo impecable.

De nuevo, Casablanca

Muelle de graneles, Casablanca.

    A medida que avanzábamos los barcos fondeados en la rada iban surgiendo de entre la bruma, quietos y fantasmales, presos de las sólidas cadenas que los anclaban al lecho marino. Imaginé la misma escena antaño, en los tiempos anteriores a la electrónica. Un solitario marinero de guardia en el castillo de proa haciendo sonar una pesada campana de bronce -un repique de cinco segundos, a intervalos de un minuto- cuyo tañido sonaría nítido a través de la niebla advirtiendo a otros navegantes de la presencia del buque fondeado.

Carta de un capitán desgraciado

Llegada a bordo del práctico. Vis cómica de Jan Sanders.

  Hace unos meses llegó a mi poder una copia de esta vieja carta, que lleva décadas circulando en el ámbito de marinos mercantes. Aunque probablemente sólo capten su intríngulis los marinos, los hechos narrados son descritos en suficiente amplitud, creo, como para que cualquier lector pueda entenderlos. La que a continuación transcribo es una traducción de la original, escrita en inglés; era ésta aún más hilarante, redactada con ese estilo inglés elegante y flemático, tan característico como su fino humor velado.

Una noche en Setúbal

Caminaba por la avenida que bordea el largo puerto fluvial de Setúbal, la noche era fresca y solitaria. Entonces pasé frente a un callejón del que brotaba música animada. Retrocedí y miré el mal iluminado callejón de adoquines, su boca enmarcada por un arco de piedra, que se adentraba, estrecho y en leve pendiente, entre los obscuros edificios. De algún lugar indeterminado allá adelante surgía la samba. Durante un instante tuve la certeza de haber vivido una situación extraordinariamente parecida antes, en algún otro lugar.

Regreso a mi ría

El Forte de Outão, guardando la entrada al estuario del Sado

Hace algo más de diez días zarpamos del puerto africano y arrumbamos al Norte, en demanda de La Coruña. Durante la tarde de la primera singladura, rebasados los 32º de latitud Norte, el viento arreció y fue refrescando hasta alcanzar fuerza ocho. El bóreas soplaba y levantaba las olas que barrían la cubierta, el Cabo Cee ascendía y descendía encapillando golpes de mar y las tapas de las bodegas crujían y rechinaban con la torsión del buque, sonido que resonaba entre cavernoso y estridente en el interior de las lóbregas bodegas... pues ahí me encontraba yo, con el contramaestre y los marineros...

Agadir

Las grúas descargan los buques atracados en los muelles de Agadir.

Agadir. Esta ciudad africana, fundada por navegantes portugueses hace más de cinco siglos, es en la actualidad un destacado destino turístico. Su puerto sigue siendo importante, sobre todo el pesquero. Nosotros estamos amarrados en el Port D’Anza, que es una extensión al puerto viejo; un nuevo puerto comercial más grande y apropiado al tráfico mercante de estos tiempos.

Anclados frente a la costa africana

Luna llena sobre Agadir

La Luna estaba llena y se alzaba sobre Agadir, cuyo bullicio podía apreciarse como un sordo murmullo en la noche. Las luces de la ciudad y del puerto lanzaban reflejos anaranjados y titilantes sobre la Mar.

Días anodinos

La recta estela del Lola a través del Mediterráneo.

A bordo del Lola, en la Mar; en los 37º 30’N y 009º 25’E. A 24 de septiembre del 2011. Sábado. Hace unas horas doblamos Cap Bon y enfilamos ya rumbo a Poniente. Correremos la costa de la Berbería en demanda del Estrecho de Gibraltar y en poco más de cuatro días daremos amarras al puerto de Las Palmas de Gran Canaria.

Al garete

Los estibadores sevillanos estiban los contenedores sobre sus plataformas en la bodega principal del barco.

Anoche descendimos el río Guadalquivir, desembocando en el Océano Atlántico poco antes del comienzo de mi guardia nocturna. Salidos de la barra del río viramos a babor fijando rumbo suroeste, directo a Santa Cruz. El viento, Levante frescachón, refrescaba a medida que nos alejábamos de costa y perdíamos el socaire de tierra.