El polizón

Uno de los estibadores tumbado en el muelle a la sombra del Lola. En África, las cosas se toman con calma.

Recalamos en Casablanca a media mañana, hora del reloj de bitácora, pero recibimos orden de fondear. Estamos en el mes de Ramadán, festividad religiosa musulmana durante la cual los fieles -y no tan fieles- no pueden comer ni beber durante el día, y es probablemente por ello que reducen considerablemente sus jornadas de trabajo. Apenas una hora después de haber anclado nos dieron orden de levantar el fondeo y proceder a puerto. Justo a nuestra hora de comer, por supuesto. Siempre sucede así.

Esos locos inconscientes en sus aparatos voladores 

Un aeroplano sobrevuela alegremente una cordillera rocosa. (Fotografía de autor desconocido)

Luanda, Angola. A 1 de abril del 2009. Miércoles. Aunque el hechizo de África me impele a permanecer observando acodado en la ventana de mi habitación del hotel en el que me hospedo, en Luanda, me obligo a venir a sentarme a continuar el relato de este viaje.