Historial del blog

A los marinos varados

La sede de la MCA en Southampton.

Londres, a 15 de junio del 2014. Domingo. Últimamente se está hablando mucho en las redes de la posible salida que supone emigrar al norte de Europa, buscando embarque bajo pabellones extranjeros. La triste situación de España en general y de nuestra Marina Mercante en particular nos fuerza a ello como única alternativa a no languidecer varados indefinidamente en esa vieja y ajada península que tenemos por tierra patria, patria ingrata, hasta morir de hambre y que nuestros huesos amarilleen al Sol.

Los muelles de Mişrātah

Un crepúsculo delicioso de colores intenso en un cálido atardecer africano.

Subí al puente alto a disfrutar de la serenidad y el color del momento. El Sol se había puesto ya mucho más allá de nuestra proa, tras un buque portacontenedores de la imtc, entre sus dos grandes puntales de cubierta. El firmamento estaba en Poniente teñido de una amalgama de colores intensos -rojo, rosa, melocotón, violeta, malva-que iban cobrando más intensidad y color.

El pabellón de (des)cortesía

Pabellón de cortesía libio

Los libios seguían profiriendo exclamaciones de furia e indignación, alzando los brazos y girando sobre sí mismos, pateando rabiosamente el suelo, tirándose de las barbas y arrugando sus kufis o taqiyas (gorros). Temí un abordaje en toda regla en cuanto tocáramos tierra.

La caída

    El temporal nos zarandeaba como a un sonajero; las olas del noroeste entraban por estribor, barrían la cubierta entera y salían por la banda opuesta; habría podido grabar un bonito vídeo, si tan sólo hubiera tenido presencia de ánimo para hacerlo.

La taberna de Cardiff

Cuando salté a tierra a media tarde llovía pertinazmente, como lo había hecho incesantemente a lo largo de todo el día; un día gris y obscuro que se ensombrecía más a medida que caía la noche. Caminé por los muelles desiertos sorteando los charcos, a lo largo de una larga hilera de tinglados, almacenes de ladrillo pequeño y rojizo enmohecidos por la lluvia, con tejados en pico cubiertos de verdín.

Días en Warrenpoint

La carta náutica del aproche a Warrenpoint.

A bordo del Mistral, fondeados a 1 milla al sur de Hellyhunter Rock. A 4 de octubre del 2012. Jueves.     Cuando salí a cubierta esta mañana, nada más entrar de guardia, experimenté una sensación que hacía meses no vivía: La de exhalar una vaharada blanca en el frescor de la mañana, vaho que se diluyó en la espesa niebla que nos rodea en el Mar de Irlanda. La temperatura media descendió casi 20ºC en los últimos días, desde que zarpamos de la Vilanova. Atrás quedó el tibio Mediterráneo otoñal, ahora nos rodean las densas nieblas norteñas.

Recuerdos de Gran Sol

Arrastrero faenando con marejada.

Cuando pasó lo peor del temporal seguimos pescando (...) Con un frío del diablo, mojados, olas barriendo cubierta, golpes, caídas, sueño, cansancio. Fueron un par de semanas más a ese ritmo, un par de semanas en las que estuve permanentemente mojado, aterido de frío y agotado; con la única visión a mi alrededor de olas enormes y grises, y una sensación de lo más irreal de pérdida absoluta de la noción del tiempo y el espacio.

La patera

Inmigrantes a bordo de una balsa sobrecargada, en pos de las costas españolas.

Ya había amanecido cuando crepitó el aparato de radio VHF y oí al Finnborg llamar a Tarifa Tráfico en el canal 10. Su capitán informaba de que había avistado una balsa de goma con una decena de inmigrantes a bordo. Observé la pantalla del ECDIS -la carta de navegación electrónica-, y localicé al Finnborg en ella. Se encontraba a unas seis millas al sur-surleste de Punta Europa, lejos por nuestra popa.

Esos arrogantes suicidas de los mares

(...) y observo al portacontenedores avanzando a toda máquina, dejando una estela blanca y clara por la popa y proyectando una sombra negra y amenazadora sobre los pescadores.

    Tensión a bordo, los hombres a medio vestir en cubierta preparados para aflojar frenos y largar el aparejo -un aparejo que vale millones cargado de pescado que también vale un dinero-, ojeadas nerviosas de los marineros y blasfemias del patrón, que procura calcular con la mayor sangre fría y su entrenado ojo marinero.

La borrasca

Observé en el radar una mancha amarilla que aparecía por el suroeste, avanzando hacia nosotros y extendiéndose poco a poco por la pantalla, cubriéndola, densa y espesa.

Miré a popa. Se acercaban unos nubarrones negros como el Abismo surcados por infinidad de relámpagos amarillos y violáceos, que descargaban una cantidad anormal de agua.