Anclados frente a la costa africana

Luna llena sobre Agadir

La Luna estaba llena y se alzaba sobre Agadir, cuyo bullicio podía apreciarse como un sordo murmullo en la noche. Las luces de la ciudad y del puerto lanzaban reflejos anaranjados y titilantes sobre la Mar.

Largando amarras de Valencia

Chimena del Cabo Cee y contraseña de la naviera armadora

Recorrí con la mirada la larga hilera de norays solitarios del vacío muelle, que tantos barcos vieron llegar y zarpar. A veces me recuerdan a ancianos marinos sentados en los muelles viendo ir y venir los barcos, los tiempos y la vida, y recordando tiempos pasados.

Buena proa, compañero

A punto de cruzar las Columnas de Hércules, dejando atrás el viejo Mare Nostrum para adentrarnos en el Mare Tenebrorum.

A bordo del Lola, en la Mar. A 6 de septiembre del 2011. Martes. Escribo estas líneas desde la soledad de mi camarote, surcando las quedas aguas del Mar de Liguria que se extienden ante mi vista más allá del portillo. Por estribor se adivina, difusamente definida a través de la bruma matinal, la Isla de la Gorgona. Me gusta navegar por el viejo Mare Nostrum, un mar cargado de historia, leyenda, mito y tragedia. Surcar las mismas aguas que navegaron fenicios, griegos, persas, cartagineses, romanos, moros y cristianos desde los albores de la Historia hasta el día de hoy. Las mismas aguas del mar que surcó Ulises en su mítica Odisea, veintiocho siglos atrás. Un mar que fue cuna y motor de civilizaciones y que simboliza la esencia de lo que hoy nosotros somos.

Navegando por las páginas de la historia

En una de mis librerías anticuarias favoritas, el amable librero me mostró un ejemplar que me hizo temblar el pulso. Sostuve en mis manos durante un rato un auténtico tesoro: el ‘Compendio de navegación’… ¡de Jorge Juan!

Un fin de campaña de entrañables reencuentros

A bordo del Reyes V, en la Mar En los 34º 29’N, 009º 12’W, rumbo a Santa Cruz de Tenerife. A 20 de abril del 2011. Miércoles. Navego ya la última semana a bordo del Reyes V. A la vuelta de éste, mi postrero viaje, desembarcaré en Sevilla tras remontar el Guadalquivir por última vez. Luego vendrá otra semana incorporado a mi unidad de la Armada y tras ella, vuelta a casa. Luego, Dios dirá.

Luces en el fondeadero

La consola del timonel, en el puente. Al fondo la línea de luces de la costa, en la que destaca en destello del faro de Chipiona.

A bordo del Reyes V, fondeados. En los 36º 49,8’ de latitud norte, 006º 33,7’ de longitud oeste A 11 de marzo del 2011. Viernes. Hace un rato que tomé la guardia nocturna. Otro día más fondeados frente al río Guadalquivir, el río grande de los moros, a espera de órdenes. Todo parecía indicar que levaríamos anclas hoy viernes para remontar el río hasta Sevilla, pero finalmente no será hasta mañana... si no hay nuevas sorpresas.

El tratado del capitán Ciscar

D. Gabriel Ciscar y Ciscar, capitán de la Real Armada.

Siendo como soy, amante de los libros y la literatura, entre mis mayores aficiones se encuentra la de visitar librerías de viejo o de lance y librerías anticuarias, donde se amontonan obras antiguas, descatalogadas, casi desaparecidas y a menudo olvidadas.

Las horas Mangbetú

Abrí despacio la pesada puerta y, bajando unos escaloncitos, penetré en el interior. Un serio librero me miró fugazmente al entrar, para al momento volver a sus silenciosos menesteres tras el mostrador sin apenas moverse. Miles de volúmenes llenaban estanterías que subían del suelo al techo, y montones de libros se apilaban en el suelo, o sobre sillas, o en el alféizar de una lóbrega ventana que apenas se podía adivinar tras tanto ejemplar.