A los marinos varados

La sede de la MCA en Southampton.

Londres, a 15 de junio del 2014. Domingo.

    Últimamente se está hablando mucho en las redes de la posible salida que supone emigrar al norte de Europa, buscando embarque bajo pabellones extranjeros. La triste situación de España en general y de nuestra Marina Mercante en particular nos fuerza a ello como única alternativa a no languidecer varados indefinidamente en esa vieja y ajada península que tenemos por tierra patria, patria ingrata, hasta morir de hambre y que nuestros huesos amarilleen al Sol.

    Acerca de las causas que han llevado al país y a nuestra Marina Mercante a esta situación ya escribiré otro día. Tengo cuentas pendientes por ajustar con sindicatos, ministerios, directores generales, democracia y -mal que me pese- compatriotas. Algún día cargaré las tintas y ventilaré mi conciencia, echando diablos fuera. Pero no será hoy.

    Hoy dedico una entrada extraordinaria en el blog a hacer algunos comentarios acerca de la idea de emigrar, y apuntar algunos consejos u opiniones personales que espero puedan resultar de ayuda o estímulo a quien lo necesite.

    Yo tomé la decisión de liar el petate el año pasado -muy a mi disgusto, admito- y estas últimas semanas he recibido bastantes mensajes de lectores, colegas y compañeros desconocidos que me piden consejo, ayuda o guía en la maniobra. Siempre encontré gran placer en ayudar al prójimo en lo que fuera posible; además lo considero una inversión de futuro -hoy por ti, mañana por mí-, acaso algún día sea yo quien necesita ayuda.

    Me agarré mientras pude a España… qué puedo decir, me gusta ver mi pabellón ondeando en el pico, el jamón y el vasito de vino en la cámara de oficiales los domingos y fiestas de guardar, y todas esas pequeñas cositas que hacen que navegar bajo nuestra bandera sea reconfortante; por no mencionar el Régimen Especial del Mar de la Seguridad Social… mientras dure. Pero nos echan del país. Apenas nos queda marina mercante, la han devastado, las condiciones contractuales están pasando a ser indignantemente ridículas y en los cuatro barcos que quedan procuran enrolar mano de obra barata extranjera. Ahora soy el único español entre ingleses, lo que estimula muchísimo para dejar el pabellón más-que-muy alto. Y no me va mal.

    A pesar de mi buena disposición para echar un cabo a quién lo necesite, me resulta complicado dar pronta respuesta a excesivos mensajes y correos. De modo que dedico esta entrada a hacer una pequeña guía general -no hay pasos fijos establecidos y, al final, todos los caminos llevan a Roma- de una posible vía para embarcar en el extranjero, así como algunas ideas, consejos u opiniones propias que creo pueden ser de utilidad.

    Estoy también preparando (desde hace meses, diablos, no tengo perdón de Dios) una actualización a la página Derroteros, en la que incluyo muchísimas navieras y agencias de embarque. Mi base de datos personal, que he ido construyendo a lo largo de muchos años. Espero terminar pronto de construir la página y volver a publicar el Derrotero.

    Y no, no me ‘asusta’ difundir cuanta información tengo en conocimiento “por si vienen otros y me quitan el sitio”, como más de uno me ha sugerido. Aquí yo sólo indico un posible camino de entre tantos; pero hay una inmensa diferencia entre conocer un camino y andar ese camino. Y yo no voy a andar el de nadie. Cada cual ha de andar el suyo, y a cualquiera que lo inicie ahora le llevo cierta ventaja. Aún así, si alguno de los que viene por la popa siguiéndome aguas me alcanza y supera, que probablemente sucederá, ¡bravo por él! Le aplaudiré y reconoceré el mérito, porque lo merecerá, y siempre admiré a la gente de valía. Sé que hay muchos muchísimo mejores que yo, pero el saberlo es un magnífico aliciente que espolea a mejorar, estudiar, luchar y prosperar en el oficio, sirve de grato estímulo. La competencia -leal- es siempre buena para todos. 

    Algún mensaje hubo también de tono, cuando menos, descortés, que preguntaba si es que acaso yo iba de sobrado, de referencia, de rey del mambo. Mensajes fuera de lugar que destilan esa actitud apocada, envidiosa, desconfiada, porfiada, acomplejada, recelosa, tan española. Así nos va, en España, con nuestro carácter. Siendo como semos. Dan ganas de enviar todo esto al diablo y que cada uno se lama su ciruelo y se busque la vida.

    Me viene a la memoria aquella frase tan nuestra, tan gallega… no hagas mal, que no lo merecen; no hagas bien, que no lo agradecen.

    En fin, cuanto yo sé está a vuestra disposición y será un placer compartirlo. Ojalá yo hubiera tenido a alguien que me guiara o aconsejara cuando inicié el largo y tortuoso camino del emigrante. La de tiempo que me podría haber ahorrado. Y dinero. Pero los dos que localicé que ya habían andado este camino me eludieron toda respuesta y ayuda.

    Lo primero que recomiendo es decisión. Como sabiamente indicaba Virgilio en  La Eneida«La Suerte favorece a los audaces». Dejar atrás los complejos tan propios de nuestra tierra y lanzarse a la conquista, como hicieron nuestros ancestros cuando, sangrados al límite por la nobleza castellana y el clero, se lanzaron a las Américas en pos de fortuna. Leyendo un poco de Historia se puede ver que no han cambiado mucho las cosas en España a lo largo de los siglos. Resulta descorazonador.

    Los que no tengan titulación lo tienen algo más complicado. Como marineros, engrasadores y camareros suelen contratar o a ingleses residentes aquí, o a mano de obra barata (filipinos, etc). Pero no es imposible, mi primer embarque aquí fue como marinero y a razón de 97 libras esterlinas diarias, dos semanas embarcado y dos en casa. En otras compañías pagan hasta 120£/día a marineros. No está mal, para ir empezando.

    Para oficiales las condiciones son mejores, pero hacen falta algunos requisitos previos. Para embarcar de oficial en buques ingleses es imprescindible tener una titulación inglesa o un Certificate of Equivalent Competency (CEC), es decir, una homologación aquí de nuestra tarjeta profesional. El trámite lo realiza la Maritime Coastguard Agency (MCA), que es el órgano de la Administración que se encarga de los asuntos marítimos.

    Su página web es ésta: http://www.dft.gov.uk/mca/mcga07-home/

    Y toda la información relativa a la obtención de un CEC está detallada aquí: http://www.dft.gov.uk/mca/mcga07-home/workingatsea/mcga-trainingandcert/mcga-cec/dqs-st-stc-cecinfo.htm

    Yo hice el trámite en persona, en sus headquarters de Southampton, pero puede hacerse por correo sin ninguna complicación. Es razonablemente rápido y los funcionarios son eficaces.También dan una buena atención telefónica en el número indicado en su página web. La cosa se resume en compulsar nuestros títulos españoles (pagar), pasar un examen de inglés (pagar), en el caso de capitanes pasar un examen de legislación británica (pagar), pagar las correspondientes tasas al gobierno (pagar) y enviar varios lotes de documentos (pagar).

    Puede uno examinarse de inglés en la MCA, pero: Hay que pedir cita previa, te la dan cuando les conviene a los capitanes examinadores, para poder pedir la cita previa hay que haber entregado primero todos los documentos, compulsas y certificados que solicitan, así como la solicitud; y por último, hay que pagar 94 libras esterlinas, una encima de otra, de tasas de examen.

    La MCA no expide ningún certificado de examen. Entienden que habiéndote tramitado el CEC ya has demostrado que sabes suficiente inglés técnico marítimo, y debería valer a cualquier compañía. Sin embargo, a pesar de ello, hay muchas compañías que exigen certificados de competencia inglesa. No está de más sacarse alguna, si puede uno permitirse el coste. Recomiendo el Marlins presencial (el Marlins en línea, a través de Internet, no suele valer para nada a casi nadie).

    Una vez tengamos el CEC viene el siguiente paso. Dependiendo del tipo de buque en el que queramos navegar es bastante probable que necesitemos otros cursos, certificados o especialidades. Y suelen costar una pasta. Sin embargo, no es una mala inversión y con ellos se producirá mucho más dinero. Compensa.

    Hay bastante lío con esto de los cursos y certificados, sobre todo para offshore. No hace falta lo mismo para trabajar en una plataforma que para enrolar en un buque offshore; y dependiendo de qué tipo de buque sea, o de qué trabajo se vaya a hacer en la plataforma, harán falta unos cursos u otros. Hay unos requisitos mínimos para la industria fijados por la la IMO, la MCA y la OPITO, pero a ellos hay que añadir los requisitos propios que a menudo exigen las propias compañías… y que varían dependiendo del tipo de buque, instalación, cargo del tripulante y Sistema de Gestión de Seguridad de la propia compañía.

    Mi opinión, después de que me marearan un poco con todo esto (cada curso vale una pasta y quería asegurarme de elegir los apropiados y necesarios), es la siguiente: Decidir en qué tipo de buque/instalación os gustaría trabajar. Una vez lo tengáis claro, llamáis a dos o tres compañías que os interesen y preguntáis directamente qué certificados, exactamente, exigen. Si tenéis buen nivel de inglés suele dar mejor resultado llamar por teléphono (si usáis Skype, podéis comprar el plan ‘Europa sin límites’, que por unos 7€ al mes da llamadas ilimitadas a números fijos europeos, sale muy a cuenta si se va a  llamar a muchas compañías y agencias).

    Una vez os hayan detallado qué certificados necesitáis tener, preguntad por la posibilidad de que la propia compañía os “esponsorice”. Quizás os llevéis una muy agradable sorpresa, es frecuente que las propias compañías patrocinen la formación de sus empleados, pagándoles los cursos (que son caros de carallo), el alojamiento y manutención (que aquí es caro de carallo) y los aviones y taxis al ‘training center’ de turno (caros de…).

    Las compañías suelen pagar todo esto a los que ya son sus empleados, es decir, gente que conocen y lleva algún tiempo con ellos; pero en algunas ocasiones, si se ven apretados y necesitan, por ejemplo, oficiales de puente, y resulta que se les ofrece uno al que le falta tal certificado, se lo pagarán. Doy fé. He sido uno de ellos. 

    Huelga decir que es necesario tener el reconocimiento médico en vigor (el español es válido) y una libreta de embarque. La española nueva es valida en todas partes; pero si aún no tenéis la nueva, habrá que sacarla. Pedir la británica es algo más complicado y no hace falta.

    Bien, ya tenemos un CEC y los certificados necesarios para enrolar. Es el momento de buscar barco.

    Una buena idea puede ser comenzar a navegar como marinero o engrasador para coger algo de experiencia, darse a conocer, adquirir un mejor nivel de inglés y familiarizarse con la jerga marinera británica.

    Aquí son bastante profesionales y serios. Y valoran al profesional. Lo que marca la diferencia y hará que cuenten contigo (o te manden a paseo) y te ofrezcan toda su ayuda, apoyo y facilidades es tu valía profesional, lo que eres capaz de hacer, tu persona. Aquí hay escasez de oficiales y hay barcos en los que enrolar, pero seré sincero: no para cualquiera. Hay que tener conocimientos profesionales y un carácter adecuado, que no cause conflictos a bordo. Y, sobre todo, hay que saber inglés. Hay que valer. Del mismo modo que dan la oportunidad a gente desconocida que promete, no les vacila el pulso en dejar en tierra a quien no entiende ni sabe hacerse entender en inglés, a quien causa problemas a bordo o a quien elude el trabajo.

    Teniendo eso claro, es hora ponerse a buscar barco. Supongo que casi todos sabréis que en la industria marítima todo se mueve a distancia. Se llama por teléfono a agencias o compañías, se envían los currículums por correo electrónico y todo el proceso puede hacerse desde casa, sin tener que gastar ni un céntimo en transportes y alojamientos y sin perder un montón de valioso tiempo en desplazamientos. Las ventajas del Siglo XXI y todos los avances tecnológicos.

    Bien, pues recomiendo no hacerlo así. Los que lo hagáis así, sabed que seréis unos píxeles anónimos más entre otros miles que llegan a los departamentos de personal desde todas las partes del mundo. No hay muchas posibilidades de éxito, muchachos. Lo siento.

    Yo siempre fui partidario del trato personal y del cara a cara. Además, tengo ciertas armas en mi panoplia que me son de mucha utilidad en el trato personal y me dan cierta ventaja. Pero, casos particulares aparte, creo que el tratar en persona ofrece sólo ventajas. Dejas de ser un nombre en una pantalla para ser una persona viva, con timbre de voz, gestos, sonrisa, actitud. Y eso, aunque quizás los reclutadores no se den cuenta, decanta las cosas un poco a tu favor respecto a los curriculums impersonales recibidos por correo. Tú ya pasaste a ser una persona real.

    Preparad un buen curriculum, bien estructurado, claro, sincero. Sin faltas de ortografía. Si necesitais ayuda o consejo para preparar un buen curriculum, ¡pedidla! Es importante hacerlo bien. Redactad también una carta de presentación breve, clara y sincera, orientada a la compañía en concreto a la que vais a pedir trabajo. Conviene hacer un poco de trabajo de investigación previo y averiguar algunos detalles clave, como por ejemplo el nombre del jefe de personal, y dirigirle la carta a él en persona, y ese tipo de cosas. Y por último, preparar una carta de referencias. En España no se estila lo de las referencias, allí se estila lo del enchufe y el compadreo. Soy hijo de tal, sobrino de cual o amiguete íntimo de Pascual. En el norte de Europa se usan mucho las referencias de pasados empleadores. Se menciona el nombre de la persona a la que dirigirse (jefe de personal, capitán, armador, profesor de la facultad…) y sus detalles de contacto, y la compañía a la que pedimos trabajo contactará con ellos para pedir referencias nuestras.

    De nuevo, volvemos a lo de antes. Si hemos sido problemáticos en el pasado y nuestra referencias son malas, lo tenemos muy difícil. Pero que mucho. Y no aportar ninguna referencia tampoco ayuda demasiado, la impresión que causa no poder ofrecer ninguna no es demasiado buena.

    Una vez que tengamos estas tres cosas -curriculum, carta de presentación y carta de referencias- nos vestimos adecuadamente. La presentación y la imagen es importante. Y nos plantamos en las compañías que nos interesen.

    Aconsejo presentarse de improviso y sin avisar. Si llamamos para concertar una cita invariablemente nos dirán que enviemos el curriculum por correo electrónico, que no nos pueden atender. La mayor parte de las agencias de embarque o navieras no están preparadas para recibir a gente y ni siquiera tienen un lugar habilitado para ello. Ya no se trabaja así. 

    Mi técnica ha sido la de plantarme directamente en las oficinas, localizar a la persona apropiada por sorpresa y captar su atención e interés. He tenido que burlar porteros de edificios corporativos, eludir a guardias de seguridad excesivamente celosos y usar algunas tretas -que no confesaré aquí- para llegar en persona hasta las personas adecuadas. Pero qué diablos, ¡ha sido divertido! Y ha dado su fruto.

    Una vez delante del jefe de personal, se presenta uno y se le extienden nuestras credenciales. Éste soy yo, esto es lo que he hecho en mi carrera, y esto es de lo que soy capaz. Contacto visual, sonrisa, seguridad. 

    Y si jugamos bien nuestras cartas, las que sean que cada uno tenga en su particular mano, con un poquito de suerte conseguiremos un embarque.

    Como decía al principio, «La Suerte favorece a los audaces».

    A continuación, un ejemplo. El mío.

    Tras algo de mala Fortuna y la toma de una decisión equivocada me vi varado en tierra el año pasado. Estiré mis ahorros lo que pude intentando embarcar en buques españoles hasta que la situación resultó insostenible. Entonces decidí comenzar una gira por una serie de países del norte de Europa con la intención de obtener un CEC en todos ellos, currando de lo que fuera en tierra mientras estudiaba y preparaba los exámenes. Mi idea era hacerlo en el Reino Unido, Noruega, Dinamarca y Holanda. Recalé en Londres en octubre del año pasado. En los comienzos, que no fueron fáciles, incluso pasé algunas noches en la calle. Y en Londres, en invierno, al raso hacen un frío y una humedad de cojones. Y llueve.

    Conviene decir que hay que sacar un número de la seguridad social inglesa para poder trabajar legalmente aquí. Nos lo expiden (por ahora) sin problemas, pero lleva cosa de un mes recibirlo y poder ser contratado para trabajar. El lugar donde pedirlo es el Jobcentre Plus. 

    Luego, tras recibir mi número, todo fue mejorando. No hay que perder la fé. Empecé a trabajar en la ciudad para sobrevivir y pagarme los certificados. Limpié retretes en un Starbucks, serví copas hasta el amanecer en un pub infame del Soho y vendí zapatillas deportivas en una multinacional de artículos deportivos. Y tragué mucha mierda.

    En cuanto pude me saqué el CEC y obtuve mi tarjeta de Chief Mate (primer oficial) en la MCA. El mismo día que la recibí me presenté en unas cuantas agencias de embarque. Y apenas unos días después me llegó la primera oferta, que acepté sin dudar. Esa misma mañana recibí otra oferta mejor que la primera, pero lamentablemente ya me había comprometido con la anterior. Y días después, ya embarcado, recibí una tercera.

    Empecé a navegar como simple marinero a través de una agencia de embarque, y en la segunda campaña el capitán me abordó para sondear mis intenciones, considerándome para puesto de 2º oficial y con contrato permanente y directo con la naviera. Y ahora navego de 2º oficial desde hace varias campañas (en otra compañía) y me están planteando pasar a 1º oficial en la próxima campaña.

    Conclusión: En el norte de Europa hay posibilidades y las compañías son serias. Hay que saber inglés y conocer el oficio, y probablemente los comienzos sean difíciles, pero con un poco de determinación y trabajo, se llega al objetivo.

    Y en el peor de los casos siempre se pueden servir hamburguesas en McDonalds hasta que vire el viento y mude la suerte.

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