Días anodinos

La recta estela del Lola a través del Mediterráneo.

A bordo del Lola, en la Mar; en los 37º 30’N y 009º 25’E.
A 24 de septiembre del 2011. Sábado.

    Hace unas horas doblamos Cap Bon y enfilamos ya rumbo a Poniente. Correremos la costa de la Berbería en demanda del Estrecho de Gibraltar y en poco más de cuatro días daremos amarras al puerto de Las Palmas de Gran Canaria.

    Me siento en el cómodo sillón de mi camarote y me dispongo a buscar en mis Memorias los sucesos o anécdotas de este último viaje, que se aproxima ya a su fin, para colgar sus extractos en este blog. Rebusco, sin encontrar, y caigo en la cuenta de que estos últimos días han resultado francamente anodinos. Se han sucedido las guardias de mar, de puerto y las cargas y descargas sin mayores complicaciones ni anécdotas. En mis Memorias sólo encuentro reflexiones personales y notas acerca de lo que observo cada día en torno a mí.

    El temporal de la semana pasada en el Golfo de León apenas nos afectó. El capitán, prudente, decidió navegar a lo largo de toda la costa española, francesa e italiana, buscando el socaire de tierra para abrigarse del fiero Mistral, en lugar de cruzar el tempestuoso Golfo de León atravesándose al temporal. El viaje se alargó, pero resultó más cómodo y menos arriesgado. No tuve diversión. Me sentí tan decepcionado como un rapaz al que prohiben ver sus dibujos animados favoritos en la tele. Aún así resultó agradable sentir viento fresco y fuerte y ver la Mar algo encrespada.

Días después, en Livorno, el práctico me contó que varios buques -uno de ellos un crucero- le habían dicho que habían sufrido vientos de noventa nudos (más de 160km/h) en el embudo del Estrecho de Bonifacio. Sonreí con perversa malicia pensando en cómo lo habría pasado el pasaje del crucero. Pagar quinientos o mil euros para verse metidos en una de ésas. Zarandeados por los elementos desatados, echando la pota y jurando a Dios y al Diablo que no volverían a pisar un barco en la vida, si salían de ésa.

   

A bordo del Lola, en la Mar, en los 32º 50’N, 009º 45’W
A 27 de septiembre del 2011. Martes.

      Se suceden los días alternándose con las noches, dirigiendo el buque de un lado a otro a través de los mares: El Mar de Alborán, el Mar Balear, el Mar de Liguria, el Mar Tirreno; el Mediterráneo. Y luego, el vasto Océano Atlántico.

    Se suceden las guardias en el puente, guardias de alba y guardias vespertinas, entre charlas ligeras y prolongados silencios. De pie frente al compás y el radar y la carta de navegación. O fuera de la caseta del puente, en el alerón; con el Sol, cada vez más tibio y más bajo, más clemente a medida que avanzan las estaciones, calentando mi piel. O acariciado por la brisa marina. O bajo las estrellas, siempre donde deben estar, en su lugar preciso. Repasando sus enfilaciones y soñando con tiempos pasados mientras el Lola deja una larga e indiferente estela por la popa.

    Desde mi guardia de alba de esta madrugada el buque ganó algo más de un nudo de velocidad, como cada vez que doblamos Cabo Cantín. Entramos ya en la zona de los Alisios, cuyo límite norte en esta época del año suele estar en torno a los 36º de latitud en la costa oriental del Atlántico, sensible -y lógica- mente más al Norte que en la orilla opuesta, la americana. Es un viento constante y fiable del Norleste que nos empujará en nuestro avance hacia el Sur.

    También hemos entrado en la Corriente General de Canarias, cuyo efecto comienza a notarse a partir de Cabo Espartel. En su área septentrional esta corriente es más débil y lleva rumbo Sur; pero a medida que desciende va ganando intensidad y su rumbo va variando a Sudsudoeste hasta la altura de Cabo Yubi, y posteriormente a Suroeste a partir de ahí. La intensidad va desde el medio nudo en la zona septentrional hasta los dos nudos en la meridional, aunque cuando soplan vientos contrarios entablados la corriente puede llegar a anularse. Sin embargo estos días soplan los fiables Alisios y nada parece indicar que vayan a variar, navegaremos con viento y corriente a favor hasta Las Palmas.

    Esta corriente llamada, como decía Corriente General de Canarias, tiene la particularidad de tratarse de una corriente de aguas frías a pesar de la latitud por la que discurre. Y la aún más extraña particularidad de que su temperatura disminuye cuanto más al Sur, hasta la altura del cabo Yubi. Ello es debido por una parte a que esta corriente trae aguas frías de latitudes elevadas, y por otro lado a que el litoral de la costa noroccidental africana tiene una serie de corrientes ascendentes costeras. Las aguas de la superficie de la Mar están constantemente renovadas por las procedentes de capas profundas y por tanto más frías. Como consecuencia, el aire marítimo en esta zona es frío. Y aunque la superficie continental es propicia por su naturaleza a grandes calentamientos, cuando sopla el viento caliente de tierra se topa con una barrera de aire frío en la costa, y se ve obligado a remontarla hacia las alturas. Por ello raras veces sopla viento de Este, terral, en estas aguas. Lo que es de agradecer pues vendría sin duda lleno de polvo y arena.

    Son éstos, como decía, días monótonos y anodinos. A falta de anécdotas que relatar, me explayo en detalles oceanográficos.

Aquí puede visitarse el álbum de fotografías del Lola.

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